Esta imagen en absoluto representa este viaje, esta distancia, esta unión.

Alemania ya no está lejos, podemos llegar en avión por un módico precio, en coche si tenemos tiempo, en tren si tenemos ganas y nos gusta el traqueteo de los vagones… pero cuando se trata de ganarse la confianza de unos estudiantes que han decidido arriesgarse a gastar su dinero y su tiempo en venir desde su mundo conocido hasta una Sevilla para ellos nueva y por qué no, lejana; toda gratitud es poca.

En primer lugar, se necesita un contacto. Alguien que sirva de portavoz, nuestros oídos y boca allí fue Hilda, profesora de la VHS (Volkhochschule) en Moers sin la cual nada de esto hubiera sido posible. Ella decidió apostar por nuestra escuela y nuestra manera de hacer las cosas de una manera desinteresada. Ella quería ofrecer una experiencia lingüística diferente, una estadía personalizada y profesional que se convirtiera en un aprendizaje verdaderamente significativo para sus estudiantes.

Como todas las cosas buena tardó en fraguar, pero cuando lo hizo empezamos a resolver todos los detalles: fechas, alojamiento, número de horas, …. Y lo que al principio era sólo un plan se convirtió en una realidad.

Hoy, 4 meses después he encontrado esta foto:

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De Moers a Sevilla

Y no sólo me da alegría verla si no que me recuerda lo importante que son esos puentes que tendemos a través del idioma y los viajes. Porque viajar y aprender idiomas son experiencias que nos transforman y nos hacen crecer.

Crecer no significa únicamente cumplir años, es seguir buscando nuevos retos a los que enfrentarse y con los que seguir aprendiendo. Es darse cuenta de que nuestra vida no tiene límites, sólo nuestro cuerpo y nuestras barreras psicológicas nos los imponen.

Un día durante la clase le pregunté a Rosen-Marie por qué estudiaba español y su respuesta fue tan contundente como sincera e impactante; me dijo: “Estudio español para sentir no saber hacer algo, yo trabajo con desempleados que dicen no saber hacer cosas y quiero ponerme en su lugar”. Esta mujer, hoy jubilada pero colaboradora voluntaria de los centros de desempleo en los que habitualmente trabajaba, decidió a los sesenta y pico años empezar a hacer algo que nunca había hecho para a través de esa experiencia empatizar más con los usuarios atendidos por ella.

Como decía, crecer es aceptar esos retos y aprender de ellos.

GRACIAS HANS, ROSEN-MARIE, CATHRIN , HILDA y RITA ; por enseñarme tanto, por vuestras ganas de aprender y vuestra valentía.

¡¡¡HASTA MUY PRONTO!!!

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